noviembre 26, 2022

Crecimiento de la economía en 2022.

Me sorprende positivamente que la economía boliviana no necesitará una década o más para recuperar el más alto nivel alcanzado en su producción antes de la pandemia. Nivel medido por el PIB real, esto es sin incluir el ascenso de los precios. En dos períodos anteriores, durante el siglo XX, la economía boliviana necesitó más de diez años para volver al nivel anterior más alto alcanzado, conocidas como las décadas perdidas. La primera en los años 50 y la segunda en los 80.

En más de una ocasión expresé que sería muy difícil para la economía boliviana obtener las mismas cifras del PIB logradas en 2019 (49.256 millones de bolivianos). Este 2022, todo indica que se lograrán cifras similares. O sea que ya no corresponderá hablar de efecto rebote porque el PIB de este año se aproximará a los 50.000 millones de bolivianos. A partir de ahí sería alentador lograr cifras de crecimiento que traigan mejores días a todos los habitantes de este territorio.

Expertos y no expertos hablan hoy que el déficit fiscal se encuentra muy elevado y que, como tarea urgente, debe ser disminuido. Aunque no creo en esa urgencia, el gobierno ha realizado esa tarea al viejo estilo que exige la ortodoxia de la teoría económica; y desde 2020 ha reducido ese déficit de 12,7% a 9,3% 2021 y espera llegar a un 8,5% al concluir el presente año. Dadas las circunstancias económicas actuales en que la economía, si bien crecerá a su aparente tasa tradicional de 4,5% o más, necesita un impulso mayor para superar condiciones aún no superadas; secuelas de la terminación del gran ciclo de las materias primas en 2014 y de la pandemia.

Es posible que hasta fin de mes el gobierno anuncie que corresponde el pago del segundo aguinaldo. La condición es que el PIB haya crecido al menos un 4,5% entre julio de 2021 y junio de 2022. Las tasas trimestrales de crecimiento publicadas por el INE hacen pensar que este pago se haga realidad. El FMI ha sugerido al gobierno no hacerlo. Particularmente pienso que se debe dar para un empujón adicional en la recuperación de la demanda interna y este aguinaldo es una forma de hacerlo. La misma tendrá un impacto positivo en la producción que en algunos sectores no logra una auténtica recuperación.

Este año la economía se halla con un considerable impulso proveniente de las exportaciones. Tanto la minería como las exportaciones no tradicionales han sentido un efecto, especialmente en los precios, debido a la guerra en Ucrania. De acuerdo a las predicciones del Banco Mundial, Bolivia crecerá este año a una tasa de 4,1%. Situación que posiblemente ya no se repita en 2023 porque las economías industrializadas ingresen a una recesión profunda con considerables impactos en todas las economías del mundo.

Para lograr que ese no sea el resultado, el gobierno menciona algunos proyectos que pueden darle otro tono a las predicciones referidas. Se ha mencionado que la exportación de urea y carbonato de litio pueden despegar en 2023 y que, incluso, un ahorro en las importaciones de hidrocarburos por la sustitución de estas con el procesamiento de biodiésel, será posible más adelante. Si estos proyectos alcanzan niveles de relevancia se tendría la posibilidad de mantener la estabilidad económica, se ahuyentaría al fantasma de la devaluación y se sostendría con mayor solvencia la bolivianización.

Alberto Bonadona Cossío Economista.